• Roberto J. Gallardo N.

¡Ladrón o no ladrón, queremos a Perón!

Actualizado: may 29

Durante el primer mandato del general Juan Domingo Perón, abundaban las acusaciones de corrupción en contra del fundador del justicialismo y su esposa, Eva Duarte. La respuesta de sus seguidores, que algunos historiadores sostienen que era en realidad “Puto o ladrón, queremos a Perón” se gritaba desafiante en los estadios de futbol. No puedo dejar de pensar que la misma tiene un significado particular en la coyuntura que actualmente vive el Partido Liberación Nacional y el país.



¿Cómo llega un país a un estado de cinismo tal que una parte de su ciudadanía no se sonroja gritando algo así? Se podrían señalar muchas razones, pero tal vez las más importantes sea la combinación de desesperanza, agotamiento y una dosis de impaciencia ciudadana. Desesperanza porque se cree que no podemos aspirar a algo mejor, agotamiento con la improvisación constante de los últimos años, e impaciencia que nos lleva a aceptar lo mínimo como solución. Cuando no se ve luz al final de túnel, un fósforo puede parecer muy brillante.


Ante este panorama, un sector de la ciudadanía costarricense parece no tener problema en flexibilizar sus estándares a la hora de elegir una persona. “No importa su pasado, ni las dudas que siempre hemos tenido, en la de menos hace algo mas de lo que han hecho los dos gobiernos anteriores”. Es el nuevo “puto o ladrón…”. No ayudan, en el caso de Costa Rica, 7 años de gobiernos caracterizados por la improvisación, los “manejos heroicos” y la incapacidad de sembrar para el futuro.


Yo personalmente me niego a dejar que el desánimo relaje mis criterios, sobre todo los éticos. Y si fuera que no hay opciones, tal vez no tendría el “lujo” de no “acomodarme”. Pero sí las hay.


Para quienes dicen que la experiencia es la virtud principal, y que solo eso importa, ahí hay una persona que ha sido ministro de Turismo, de la Presidencia, diputado y jefe de fracción dos veces y Presidente de la Asamblea Legislativa. No se trata de experiencia añeja de hace 30 años, cuando Costa Rica era un país en el que un pacto entre el presidente y el líder de la oposición se forjaba en una llamada telefónica, en secreto, de espaldas a la gente, que es la única forma de actuar que tienen algunos. Es la experiencia actualizada de alguien que ha lidiado con la fragmentación política característica de la Costa Rica del siglo XXI, y que lo ha hecho de frente, con transparencia y un gran sentido de responsabilidad. La experiencia que de verdad se ocupa, no la reminiscencia de tiempos idos que no siquiera fueron tan buenos.


No debemos conformarnos con menos. He venido diciendo desde hace ya mucho tiempo que el peor legado de los gobiernos PAC es haber normalizado la mediocridad. Ante esto, nuestra actitud como ciudadanos responsables no es bajar el listón, sino aspirar siempre a lo mejor. Evitar a toda costa que el “puto o ladrón…” sea aceptable.


No tiene que serlo. El próximo 6 de junio, y en febrero del 2022, podemos empezar a concretar nuestra aspiración de una mejor Costa Rica, sin sacrificar ninguna de nuestras convicciones. Podemos ir a votar por Carlos Ricardo Benavides.

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